jueves, 22 de mayo de 2014

Tras La Máscara

“Máscara tras máscara tras máscara, cientos y cientos de máscaras, hasta arrancar la última, donde termino yo y comienza el infinito”.
— Alejandro Jodorowsky 

Según la etimología tradicional de persona, la palabra viene de personare “resonar” y alude a la máscara que los actores usaban en el teatro. Esta máscara tenía un orificio a la altura de la boca y daba a la voz un sonido penetrante y vibrante: personare “resonar”. Así pues, persona significaría primero “máscara”, “papel del actor”, “carácter” y finalmente “persona”. Persona correspondería al griego prósopon (πρόσωπον) “cara”, y a partir del imperio significaría “persona”. Pero esta etimología es muy poco probable por las diferencias fonéticas y semánticas. El Diccionario de la Academia dice que viene del etrusco phersu, y este del griego prósopon (πρόσωπον).

Teniendo en cuenta que los romanos tomaron del teatro griego la máscara como requisito escénico, lo más probable es que la palabra etrusca u osca phersu (φersu) sea un préstamo de una palabra griega que no puede ser prósopon (πρόσωπον) por razones fonéticas y semánticas.

Altheim, después de comparar en etrusco Persius, -inius, -anius, el gentilicio Personnius y el topónimo Perusia, llega a la conclusión de que la palabra etrusca phersu (φersu) tiene que venir del griego Persephóne (περσεφόνη), que designaría originariamente en etrusco la personificación de un dios del inframundo o infierno que guiaba a las almas al Hades. Persona en latín significaría “pequeño phersu’, “máscara” como parte del disfraz.

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“El hombre invisible se fabricaba máscaras. Las tenía de todas expresiones: amor, celos, orgullo, dudas, dolor. Antes de salir a la calle las ensayaba frente al espejo. Con la máscara de poder se sentía capaz de dirigir multitudes, con la máscara de seducción pondría las mujeres a sus pies... Queriendo aparentar el mayor número de matices acumuló novecientas noventa y nueve caretas...”

“El Tesoro De La Sombra”, Alejandro Jodorowsky

Somos como mutantes, siempre estamos cambiando; nunca somos los mismos. Hay quienes con la misma facilidad con que cambian su vestimenta según la ocasión, se despojan de sus sentimientos -si es que los tuvieron- y se deshacen de las personas y sus afectos... como quien vacía su armario de ropa inservible. Como si esto que llamamos vida, se tratase de vivir siempre arriba del escenario, actuando, simulando permanentemente... en un eterno baile de máscaras.

Supongo que con sus más y sus menos, todos nos hemos forjado una coraza; algunas muy espesas y herméticas. Una capa aparentemente impenetrable que nos protege del mundo exterior. El objetivo más común quizá sea resguardar el corazón; pero este anhelo protector va mucho más allá de evitar futuros rompimientos de nuestro corazoncito... de pollo. Tras la pretendida armadura impenetrable buscamos ocultar miedos, deseos e inseguridades; disimular sentimientos para evitar ser lastimados; no dejar ver nuestra vulnerabilidad y sobre todo, evitar que se aprovechen de ella. Decía mi abuela “no dejes nunca que nadie te tome la medida, porque si lo hacen... estás frita m'hijita”. Mi abuela no pretendía volverme mentirosa ni falsa, simplemente buscaba que yo me hiciera fuerte o que al menos, no dejara ver mi vulnerabilidad. En teoría es un buen consejo; no obstante puede ser malinterpretado y mal aplicado debido a la torpeza e inexperiencia... como alguna vez me sucedió [a veces por estar tan preocupados de que nadie nos vea como realmente somos, de que no nos tomen la medida, alejamos de nosotros a alguien que pudo significar mucho en nuestras vidas].

Es posible que para algunos ese caparazón les funcione bien, no estoy segura que perennemente, pero igual si pueden transitar por la vida siempre a salvo de los daños exteriores y logran impedir que los demás vean sus debilidades; esconden y/o disfrazan sus miedos tan bien... que hasta ellos creen en su actuación. Pero hasta la coraza más gruesa y fuertemente blindada tiene sus límites: no puede protegernos de nosotros mismos; uno puede mostrarse ante los otros como el ser más seguro e impenetrable, pero en el fondo sabe que solo se trata de una mera simulación y que mientras los demás ven esa faz prefabricada, en su interior las cosas son muy distintas; opuestas en muchas ocasiones. Uno puede pretender que engaña a los demás -y hasta cierto punto, insisto-, pero no puede engañarse a si mismo o al menos no eternamente... ¿o si?

Tecleado por marichuy

“Da pena verlos vivir ocultos detrás de su cara”.
— Alejandro Jodorowsky 


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Imagen: Aztec Mask by Rastasaurio
Montaje de Imagen: Manny Jaef 
@alejodorowsky en Twitter

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