lunes, 27 de abril de 2015

Una Clave Al Servicio Del Proyecto Del Futuro


Los Niveles de conciencia

Para poder superar las repeticiones del árbol genealógico, el ingrediente clave es la Conciencia. Se podría así resumir el proceso en el trabajo del árbol genealógico: en una generación dada, unos padres se encuentran con un problema material, afectivo, sexual-creativo o moral, ante ese problema ellos reaccionan por medio de la mejor solución que su nivel de conciencia, en ese preciso momento, les permite ofrecer. Pero a menudo esa solución es una simple «repetición», están aplicando una receta ya conocida, probada, validada por su entorno familiar, social y cultural.
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Estudiando nuestro árbol familiar, nos resulta difícil localizar esos hechos que han podido ser fuente de sufrimiento. Pero aún así, y de una forma refleja, nuestra primera reacción será justificar esa forma de actuar con comentarios de este tipo: «En aquella época es que las cosas se hacían así...» «Es que mi madre / padre / abuela...» O incluso «Son cosas que ocurren en todas las familias».
Por el contrario, y ante estos mismos acontecimientos, una persona más sensible o más rebelde se arriesga a enfermar, sumiéndose en una irritación permanente en contra de sus ascendentes.

Estas dos posturas distintas (la de perdón intelectual y la del rencor sin resultados) coexisten a menudo en una misma persona: por un lado la razón justifica los acontecimientos del árbol, pero, por otro el corazón, la psique infantil sufren todavía sin poder superar el trauma. Con mucha frecuencia, es ésta precisamente la situación paradójica en la que se encuentra una persona en el momento de comenzar una terapia o un trabajo espiritual.

La actitud Metagenealógica consiste en situarse mucho más allá tanto de la cólera sin resultados como del perdón intelectual. Nuestro fin es comprender por qué y cómo pidieron emerger esas falsas soluciones, qué repeticiones familiares, sociales y culturales están interviniendo y cuál podría ser, desde una perspectiva ideal, la actitud de un adulto enfrentado a los obstáculos que se manifiestan en su árbol genealógico.
[…]

Para un individuo el hecho de tener cada vez más Conciencia significa, siempre y en todo momento, tener más libertad. Cuanto más consciente se es, mejor se acepta el no tener que definirse con estrechez de miras. Uno tiende a unirse con la totalidad del mundo, dejando de identificarse estrictamente con el clan.

Toda autodefinición es, en realidad, un caso de sufrimiento, porque dicha identificación nos enferma: si yo soy estrictamente «español» (norteamericano, francés, británico, o lo que sea) eso significa que yo no soy nada de todo el resto. Si yo me veo exclusivamente como «hombre» o «mujer», eso será una causa de sufrimiento porque le estoy dando espalda a todo lo que hay en mí más allá de mi propio género. Toda definición nos hace entrar en serio conflicto con las demás posibilidades. En realidad, es posible reconocer de dónde viene uno sin identificarse con esa definición.

Por lo que respecta a la noción del nivel de Conciencia, ésta, a su vez, nos reenvía a una concepción evolutiva del ser humano: en efecto, y potencialmente, todos estamos en permanente evolución hasta el momento mismo de nuestra muerte. Es por lo tanto lógico deducir que, a partir de dicha circunstancia, el espíritu puede evolucionar hasta un punto supremo en el que, tras abandonar la vida física en plena lucidez y alegría de vivir, nuestra Conciencia individual se fusiona con la del universo. Las diversas tradiciones espirituales y religiosas tienen, cada una de ellas, su propio vocabulario para describir este proceso ideal, ilustrado con el relato de la muerte de grandes santos de todas las culturas.

Un bajo nivel de conciencia se manifiesta por una insatisfacción constante. Sea porque la persona pierde toda la alegría de vivir o porque lo que hace es compensar su insatisfacción profunda a través de adquisiciones ilusorias (acumulación de bienes materiales o inmateriales, de éxitos o de objetos, etc.). Pero sin desarrollo de la Conciencia no hay satisfacción completa.

Para progresar es necesario proponerse un objetivo que nos permita unir el mundo interior (nuestra identidad verdadera) y el exterior (alcanzando este destino que es verdaderamente el nuestro, actuando auténticamente en el mundo). Sin embargo, el árbol genealógico nos puede inocular allí los falsos objetivos, para los cuales nos veremos obligados a desplegar una energía inmensa (por ejemplo: hacerse millonario, encontrar un alma gemela, superar a todo el mundo en el plano creativo sexual, etc.). Pero alcanzar un falso objetivo vuelve a producir, una vez más, una profunda insatisfacción. Por esa razón, vemos como personas repletas de dinero, de honor o de gloria, se deprimen se autodestruyen o se suicidan. Inconscientemente, la persona que repite los objetivos del árbol, e incluso aunque los alcance, siempre estará insatisfecha.
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Como suele decirse: «Todos los caminos conducen a Roma». De igual manera, todo camino de la vida (intelectual, artístico, material, financiero, de ayuda a los demás, de servicio, etc.) puede ser una vía para el desarrollo de la Conciencia, a condición de que se desarrolle el grado de concentración de atención, perseverancia, desapego (renuncia) y, sobre todo de disciplina, eso que se llama dharma en las tradiciones orientales: el conjunto de acciones y reglas a las que uno se pliega para ponerse al servicio del ser esencial sin buscar la aprobación de los demás o de un maestro, sino cara a cara a uno mismo. [...]

El poder convertirse en la Conciencia del árbol genealógico propio es una ambición legítima y una posibilidad abierta a todos. Pero, para cada uno de nosotros, este trabajo representa también una prueba de la verdad por que nos fuerza a salir, simultáneamente, tanto del lugar en el que nos encontrábamos, como del orden establecido y plantearnos cuestiones mucho más fundamentales: «¿Soy capaz de reconocieron en que nivel de conciencia vivo habitualmente? ¿Estoy dispuesto/a a inclinarme ante el superior nivel de Conciencia de una persona más evolucionada que yo? ¿Soy yo mismo capaz de evolucionar?». [...].

Alejandro Jodorowsky
Marianne Costa
Metagenealogía

Imagen: Nerina Canzi 
Artículo tomado del blog de Lina Muses 

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