martes, 3 de noviembre de 2015

Cuento ¿Cuál Es Tú Finalidad?


Un turista que visita una cantera donde trabajan arduamente dos obreros dando cortes cada uno a un pedazo de roca, pregunta al primero de ellos:
-“¿Qué hace usted?”.
-Recibe una respuesta airada:
-“¿Acaso no lo ve? ¡Me han ordenado tallar esta maldita roca para convertirla en un ridículo cubo!”.
Pregunta lo mismo al segundo obrero y éste, con una sonrisa plácida, le responde:
-¡“Me han contratado para que talle la primera piedra de una hermosa mezquita!”.
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Mensaje:

El primer obrero se desespera porque no ve la finalidad de lo que hace. El segundo sabe para qué va a servir su obra. Esta historia me hizo comprender que la piedra que se tallaba era el símbolo de nuestra propia vida. Si no concebimos su finalidad, enfermamos.

Esta breve historia sufí, escuchada en una conferencia sobre las enseñanzas de los místicos del Islam, corroboró lo que comprendí Con Cheng Man-Ch’ing.

Si mi árbol genealógico me impedía realizar mis obras, triunfar socialmente, amar y ser amado, fundar una familia feliz, me pregunté: “Si todo esto se realizara, “¿Cuál sería entonces mi verdadera finalidad?”. Bajo la profunda mirada de Cheng Man-Ch’ing, en cuyos ojos creí entrever un universo completo, pleno de ternura y piedad por la vida de los otros, presto a ser útil de forma desinteresada a la humanidad entera, me di cuenta de que mi finalidad de vivir no era la de un individuo aislado sino la finalidad de toda la raza humana, la presente y la futura. Con timidez y vergüenza, me atreví a decir:
-Quiero conocer todo el universo. Vivir tantos años como vive el universo. Crear eternamente.
Creí que el sabio se iba a burlar de mi acusándome de delirio de grandeza, pero fue todo lo contrario. Con una sonrisa bondadosa me dijo:
-Tienes una finalidad en la vida, te puedo curar.

Y anotó una lista de hierbas, semillas y cortezas vegetales que debía comprar en la farmacia del barrio chino para hacerlas hervir y luego beber la decocción. Así lo hice y dejé de transpirar, no sé si por los efectos del remedio o por la paz espiritual que el hombre-medicina me transmitió.

Su mensaje silencioso, comunicado a través de su ejemplo, me había hecho comprender que la realización del individuo es imposible si se tiene sólo una meta personal, egoísta. Interpreté su actitud de exigirme una declaración de finalidad en la vida para curar una, al parecer, una simple enfermedad, como una invitación a que me liberara de mis intereses puramente personales, cambiándolos por una meta que englobara no sólo a la raza humana sino también a todos los seres conscientes del universo. Para él no existían enfermedades sólo corporales, la raíz del mal se ubicaba en una conciencia maniatada por el intelecto. [...]

En el fondo, cada afección es el resultado de ignorar la mutación que nuestro ser esencial debe realizar en el futuro, o sea una falta de Conciencia.
Establezco una diferencia entre “Conciencia” y “conciencia”. Se confunde el concepto Conciencia por “aquello de lo que soy consciente”, es decir, aquello de lo que me doy cuenta en la vigilia. Sin embargo, el cerebro funciona -principalmente durante el sueño- de forma libre y constante sin que lo notemos. Somos un todo, semejantes a un iceberg en el que lo poco que se ve es menor que la inmensa parte sumergida. En realidad lo que es “consciente” es aquello que erróneamente llamamos inconsciente. Somos más el inconsciente que la conciencia. Si nos liberamos del concepto de “ser conscientes de”, la Conciencia es lo que realmente somos, una naturaleza indefinible, a la que a veces llamamos alma y otras espíritu. Así lo entendió el surrealismo, el budismo y todas las enseñanzas de la filosofía hindú.

Metagenealogía
Alejandro Jodorowsky
Marianne Costa

Ilustración: Alberto Ruggieri
Artículo tomado del blog de Lina Muses 

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